sábado 19 de septiembre de 2009

Demonio


Cuéntame, demonio,
Por qué retuerces mis entrañas
Con tus garras venenosas.
Cuéntame, por ejemplo,
Por qué surcas mi miedo
Con profana agilidad.

Cuéntame cómo son
Los palacios de cristal
En los que habitas,
Y cómo es contemplar
Un mundo consumido
Por la soledad.

Cuéntame, demonio,
Por qué ahora
Me devuelves los recuerdos
Ya olvidados.
Cuéntame por qué
No me dejas respirar.

Sola y perdida,
He aprendido a no llorar
Frente a sus rostros.
Cuéntame, demonio,
Por qué olvidé
Cómo soñar.

lunes 6 de julio de 2009

Harta


Estoy harta de la vida, de esa puta desgraciada que siempre nos pone la zancadilla para destrozarnos a la más mínima, esa cabrona hija de puta que nos sostiene en vilo en el borde del precipicio y se deleita con nuestro llanto desgarrado de pavor.
Hoy me he hartado de ella, de su piel de cordero que esconde a un lobo feroz e impasible, una roca fría e insensible que nos devuelve a otra gran perra mal parada, la realidad.
Hoy me he hartado de intentarlo e intentarlo y no conseguir NADA, de tener que verme cada día en el espejo y tener cada vez más ganas de llorar. Me he hartado de preocuparme por quienes me importan, sin importarles yo en lo más mínimo de su putrefacto corazón, descubrir que puedo atravesar las puertas del mismísimo Infierno sin que nadie se de cuenta, sin que nadie perciba un sólo atisbo de sufrimiento o dolor en mi alma, cuando yo misma lucho por subsistir de mala manera en un mundo que no me corresponde.
Harta de tener que fingir que todo está bien, de tener que levantarme cada mañana y darme cuerda como a un arlequín a quien pintaron equívocamente una sonrisa en su nívea máscara cerámica, tener que actuar en un circo cotidiano llamado vida, esbozar sonrisas mientras la sal de mis lágrimas riega mis labios.
Harta de caminar entre extraños y ser incapaz de realizar mis deseos, por los intentos más desesperados que ello cueste, no conseguir lo más mínimo, no alcanzar nunca un atisbo de esperanza o felicidad, porque cuando ésta llega, otra cosa se encarga fielmente de robármela.
A veces me pregunto si no estoy preparada para la existencia, si mi sino es simplemente seguir siendo la mayor perdedora de la historia, alejarme del mundo y llorar en silencio.

Quizás...
Pero cuando la sangre corra, ya no lo sabremos.

lunes 15 de junio de 2009

Mundos Paralelos


Terror. Desolación. Abandono.
Cuando aquel lugar al que llamas hogar se desvanece tras constantes gritos, tras miradas homicidas de odio, tras manifiestas situaciones de desequilibrio y paranoia…
Cuando la locura comienza a apoderarse cada vez más de ti, y sientes que todo aquello a lo que te aferraste un día ya no existe, entonces, sólo entonces, comenzamos a morir.
Puedes sentir cómo una ígnea flecha atraviesa tu corazón y derrama tu férvida sangre, alimentando la tortura llameante que envuelve por completo tu ser. Ese dolor inefable, lento y constante que te va consumiendo poco a poco, sin cesar un solo instante, hasta dejar tan solo cenizas.
Cuando tu alma se encuentra tan magullada que ya eres incapaz de sentir nada más que indiferencia y dolor, cuando ya no puedes siquiera seguir derramando lágrimas… ya estamos muertos.

Pero nadie dijo que todo acabara ahí.
Siempre podemos buscar –o más bien dejar que llegue a ti –algo que nos ayude a despertar de este letargo. Crear un mundo paralelo que nos sostenga igual que a un niño al que enseñan a andar. Un mundo en el que aprender a soñar y vivir el momento sea lo único importante. Aprovechar cada instante de nuestra existencia sin importar lo que venga después. Porque, al fin y al cabo, nadie nos juzgará en nuestro Gran Final, y seremos nosotros mismos quienes hagamos balance de nuestras vidas.
Luchar por encontrar la belleza de ese mundo, de algo puro y hermoso, algo que no compartamos abiertamente con las ruinas del otro lado. Como una meta en nuestras vidas, como un sueño por cumplir, como un amante que te arropa y colma de amor sin el compromiso de una eternidad inexistente, sin el miedo al rechazo ni la cobardía por compartir ese mundo sublimemente cálido y suave, esperanzador.
No encerrar el lado bello en las ruinas, pero sí liberar éstas en el mundo bello para poder reconstruirlas. Debemos aprender a dar rienda suelta a la tan maltratada libertad.
Después de todo, es mejor arrepentirse de algo que no haber hecho nada de lo que arrepentirse.
Por ello, soñemos.

miércoles 13 de mayo de 2009

Tormento


Hace falta sentir la calidez danzante de una lágrima resbalando por mi rostro para que el resto de la existencia sea consciente de que algo no funciona.
Agarrarme las rodillas y romper mi falsa risa en puro llanto. Esconder mi miedo trágico tras mil sonrisas.

Y es que hay que decir las cosas a las claras, basta ya de inútiles rodeos: No Puedo Más.
No puedo con la insulsa y constante charla de de la gente en rededor.
No puedo con el tedio insoportable de mi día a día.
No puedo con la carga de la culpa, ni con el llanto flagelante que acude a mí como única respuesta.

¿Por qué yo, que no cuento con más de 16 años, soy la responsable de acarrear semejante carga sobre mis hombros? ¿Por qué yo soy la única capaz de soportar tal tensión? No es humano vivir -más bien morir- con tanto dolor. ¿Dónde está mi Dios, cuando tengo que hacer de escudo humano? ¿Dónde está, cuando contemplo con rabia los intentos de un adiós?

No puedo hacer frente a tantísimo dolor, no soy capaz de ser responsable de quien no puede cuidar de sí misma, de quien vive en un mundo ajeno, donde lo que no sea idílico, es tragedia.
No puedo vivir esperando a que la muerte llame a mi puerta para llevarse mi castigo. No puedo seguir llorando en silencio y seguir fingiendo que no pasa nada.

No puedo mirarme al espejo y no reconocerme en mis propios ojos, ni en mi rostro, ni en mi todo. No puedo seguir observando, callando y aguantando cómo los demás aún me espetan un "no sabes nada de la vida", "te queda mucho por aprender", como si nada. Ellos no saben lo que es el dolor. No saben lo que es estar destruyéndote por dentro tú mismo mientras el resto te destruye a su vez.


Camino sin rumbo en un sendero plagado de espino, cuyo sino es el cielo. Mas, ¿Podrán mis desgastadas alas rotas aún volar? ¿Podré, algún día, volver a soñar?

jueves 7 de mayo de 2009

Deseos prohibidos


¡Cómo controlar las ansias! ¡Cómo, si estás tan cerca!

A veces me pregunto si no tendré algún tipo de defecto dentro de esta mente inquieta que se esconde tras una máscara de nívea quietud. Y es que no tengo fuerzas suficientes para mantener centrada mi atención en nada que no seas tú. Es tenerte ahí delante, tan excitantemente cerca y a su vez infinitamente lejos, y perder el control.

No soy realmente consciente de mi obsesión hasta que te contemplo en vagos sueños mirándome a los ojos con cara de evidente lascivia, o cuando observo expectante cómo tu mano se pierde por mi vientre, y suspirando -casi jadeando-, vuelvo a la realidad de una fría estancia colmada de humanidad, sobria pero con mi pequeña obsesión secreta, y tú sigues a escasos veinte centímetros, impasible pero inconscientemente voraz, provocando el rubor de mis mejillas, la oleada de calor por todo mi cuerpo, el nervioso movimiento bajo la falda buscando el roce de tu cuerpo... es imposible que estando tan cerca no escuches mi agitación y mi respiración acelerada, los latidos de un corazón desvocado, o incluso mis propios pensamientos, que gritan a viva voz que te pierdas en la marea de fino algodón y lino que cubre mi lecho.


Y es que al tenerte a tan escasa distancia puedo aspirar el delicioso aroma que emanas, híbrido de refrescante agua y tibia experiencia. Esa puede ser exactamente la esencia de tus labios, que reciben una vez tras otra el elemento que nos une a todos nosotros, recorriendo tu interior por completo, y volviendo de nuevo a ser del común a todos... me parece mágico hasta el simple hecho de respirar siempre que tú estés cerca. ¿Quién dice que no sea porque a mí se me corta la respiración al verte?

Y tu cuello... suave, pálido, tierno, delicado. Tu piel me suplica que beba de ella, que la recorra con mi boca y la arrope con mi cálido aliento, y fundirnos en un orgasmo de sensaciones, como miles de pequeñas chispas que reaccionan al contacto de nuestros cuerpos...

Como dos miradas tras sendos antifaces que se seducen danzantes en un baile de máscaras...

Pero eso es otra historia...

Efímera Llama


Eres como la gota mercúrea
Que sofoca la retorcida llama
De la rosa naciente.
El incendio azul y púrpura
Se arremolina entorno a la cama
Donde mis recuerdos yacen.

Eres la soga que corta
El flujo de mis pensamientos,
Abandonándolos a ninguna parte.
Gris ensoñación de falsas pasiones,
Asesino de sueños, me matan tus voces.

Efímera llama
Que absorbe el alma tardía
De álamos sin hogar
En un bosque de turbulentas
Sonrisas desdentadas...

Máscaras
Que ocultan un rostro abrasado
Por el suave ácido de sus lágrimas,
Plateadas luces que guían
Pálidas miradas, tristes ilusiones...

Sobrevolar un firmamento inexistente
De sueños infrahumanos...

jueves 30 de abril de 2009

Reflexiones


Dulce inconsciencia de la infancia.Qué felicidad supuraba cada mañana, al despertar. Y cada día era una nueva aventura. Qué inconsciente era, qué inocente criatura, que tan solo anhelaba crecer y estar a la altura de la sociedad, de su familia, sin siquiera conocer el significado de tales palabras.¿Y ahora? ¿Qué me espera, tras haber alcanzado tal deseo? ¿Desolación?¿Quién tiene el derecho de qué? ¿Quién tiene la mejor oportunidad, el mejor sueño?Si había algo que me impulsaba a seguir caminando, era la seguridad que tenía en que había un abismo entre existencias, que éramos distintos, que nosotros teníamos el poder de soñar, soñar a lo grande, de crear, de mejorar. Pero, en el pequeño letargo que alcancé hace poco, comprendí que no existen tales diferencias, que no hay nada en lo que creer, que no existe nada de lo que vemos realmente. Que todo lo que hacemos, es en vano, que no habrá un futuro, que el Ser Humano, no es real.
Paraos a pensar en vuestras vidas. Hay tantos sentimientos y sensaciones que nos abruman por completo, que no nos dejan apenas respirar. Tantas emociones, tantas vidas, tantas personas distintas, tantas filosofías... ¿Pero para qué?He pasado toda mi vida queriendo soñar, queriendo viajar, conocer, aprender, mejorar. He sido lo que se puede decir Humana. Y ahora me da la sensación de haber perdido mi vida.¿Que por qué digo esto? Por que me he dado cuenta de algo. Como me dijo alguien, he alcanzado la reflexión propia de alguien de setenta años quien observa acercarse la muerte.
¿No habéis pensado nunca que sólo somos animales?Además, es curioso, en todos los sentidos de la palabra.¿Es que a caso no nacemos como un animal, de una madre y un padre, y tenemos instintos básicos y naturales?
¿A caso no vivimos como animales, (y he aquí el doble sentido de animal), buscando siempre la recompensa, estando siempre al acecho, desconfiando siempre, y, sí, por qué no, siendo salvajes? ¿Salvajemente crueles e inhumanos? Inhumanos... qué paradójico, ¿no?Y, ¿es que no morimos como tales? ¿es que, después de toda una vida de sufrimiento y rivalidad, no morimos como todos ellos? ¿No le servimos, al igual, de alimento a la Tierra?
Sí, claro que lo sabíais... ¿Pero somos realmente conscientes de ello? ¿somos realmente conscientes de que no importa lo que hayamos hecho en vida, para bien o para mal? ¿que no importa lo que soñemos o por lo que luchemos, y con qué fuerza lo hagamos? ¿No os habéis parado a pensar que nadie os recordará, que después no habrá nada?He contemplado morir a gente, y después de muertos, he contemplado cómo se convertían realmente en animales...
Allí, en la camilla de autopsias, he observado arrancar las entrañas de personas reales, como tú y como yo. O tal vez debiera decir "irreales". He contemplado esfumarse todas mis filosofías de vida, esfumarse hasta mi propia alma.Y entonces me pregunto: ¿para qué soñar?

martes 10 de marzo de 2009

Seducción




Fría aguja que va recorriendo mi cuerpo, erizando mi piel con el suspiro lastimero que escapa entre mi boca.
Tus ávidas manos beben inmisericordes y salvajes de estas suaves curvas que gritan desesperadas por tenerte.
Tus colmillos no tienen piedad y buscan con impetuosa avaricia mis labios, compartiendo el elixir de tu boca, su dulce néctar que me da la vida, y amenazan seductores mi cuello, su cálido palpitar constante de pasiones ocultas, su necesidad imperiosa de sentir tu cálido jadeo.
Pronto la fiebre de tu ser comienza a avivar la llama de mi lujuria, obligándonos inconscientemente a deshacernos de esos atavíos que entorpecen en estos instantes nuestro deseo más profundo.
Cada vez más cerca, me aferras en un íntimo abrazo, sintiendo tu alma volar y fundirse con la mía, quebrando mis barreras y surcando con húmeda y resbaladiza facilidad mis rincones más insondables.

lunes 9 de marzo de 2009

Iluminación

La ventana hoy se ha abierto para darme la bocanada de aire fresco que tanto necesitaba.
Por fin, he descubierto que el cielo es azul, que los árboles crecen, que un frío día de invierno puede ser tan cálido como uno veraniego.
He aprendido a reír.
Y mi risa se ha llevado las sombras, los males. Se ha llevado las mentiras que acosaban mi mente, se ha llevado a esos fantasmas que yo misma me creé.
Y ha despertado a esa niña triste y solitaria que un día quedó dormida, para darle la alegría de canciones olvidadas, que ahora danza sin cesar.
Hoy el sol me ha abrazado con sus cálidos brazos, ha iluminado mi camino para no tropezar, para poder abrir los ojos y observar todo cuanto tenía en rededor.


Hoy mi risa ha roto los espejos que me hacían ver otra realidad, un mundo inexistente de mentiras y afiladas dagas.
Hoy, su sonrisa melancólica de dulce sueño abandonado me ha devuelto a la vida, a esa ígnea sensación de estar vivo una vez más.

Ruge

Ruge, cristal, al desintegrarte impiadoso contra el duro e imponente mármol.
Ruge, tú que puedes morir en el estallido febril, como un orgasmo al expandirte en mil pedazos.
Ruge, tú que puedes reflejar el hastío de una vida, tú que puedes reflejar los colores de una muerte.
Sí, tú, ruge, tú que eres capaz de perforar con una caricia delirante la superficie nívea de una muñeca hecha de "trapo"...
Simple cuero que cubre un corazón maniatado.
Tú que tintado escarlata me llevas al cielo, que me sumerges por fin en un sueño eterno.
Tú, pequeño cristal reflectante, dame paz.
Húndeme en las aguas de la tragedia. Sálvame de ellas.
Hazme soñar dejando de hacerlo.
Dame la dulce caricia que la vida me había robado.
Dame la cálida muerte que siempre he anhelado.